Frances Power Cobbe: la feminista que convirtió la defensa animal en una lucha contra la violencia

En el siglo XIX, cuando las mujeres enfrentaban enormes restricciones para participar en la vida política, acceder a la universidad o decidir sobre sus propios bienes, una escritora irlandesa decidió cuestionar no solo las desigualdades que sufrían las mujeres, sino también la violencia ejercida contra los animales.

Su nombre fue Frances Power Cobbe (1822-1904), una de las figuras más destacadas del movimiento contra la vivisección —la experimentación realizada sobre animales vivos— y una defensora del sufragio femenino, la independencia económica de las mujeres y la protección de quienes sufrían violencia dentro del hogar.

Su nombre fue Frances Power Cobbe (1822-1904), una de las figuras más destacadas del movimiento contra la vivisección.

Nacida en Dublín, Irlanda, en el seno de una familia acomodada, Cobbe tuvo una educación limitada, pero encontró en el estudio y la escritura una vía para desarrollar sus inquietudes intelectuales. Durante buena parte de su juventud se encargó del cuidado de su madre, una responsabilidad que no le impidió formarse por cuenta propia.

Su pensamiento religioso también experimentó una transformación. Comenzó a cuestionar algunas ideas del cristianismo y llegó a publicar de manera anónima uno de sus primeros ensayos para evitar un conflicto con su padre, quien desaprobaba varias de sus posiciones.

Una periodista que desafió los límites de su época

Después de la muerte de su padre, Cobbe comenzó a trabajar y emprendió diversos viajes. Fue en Italia donde conoció a Mary Lloyd, escultora galesa que se convertiría en su compañera de vida. Ambas permanecieron juntas hasta la muerte de Lloyd en 1896.

Los viajes también abrieron para Cobbe las puertas del periodismo. Se convirtió en corresponsal en Italia del Daily News, una posición poco habitual para una mujer de aquella época. Desde sus artículos abordó asuntos sociales, la situación de las mujeres y su creciente oposición a la experimentación con animales.

Su producción sobre la vivisección fue considerable: escribió más de 300 textos, entre libros, artículos y panfletos, convirtiéndose en una de las voces más persistentes contra estas prácticas.

Cobbe también llegó a relacionarse con Charles Darwin y su familia. Aunque defendió inicialmente algunos planteamientos vinculados con la evolución, posteriormente mantuvo una postura crítica hacia el naturalista británico. La relación terminó deteriorándose debido, entre otras razones, a las diferencias de Cobbe respecto a la falta de una postura que ella considerara suficientemente comprometida frente a determinadas injusticias sociales.

La violencia contra las mujeres también entró en su batalla

La activista irlandesa no se limitó a defender a los animales. Uno de los grandes temas de su trayectoria fue la violencia contra las mujeres, en un momento histórico en el que el maltrato dentro del matrimonio podía ser minimizado o considerado un asunto privado.

En 1878 publicó Wife Torture in England, obra en la que denunció la violencia ejercida contra las esposas y contribuyó a colocar el problema en el debate público.

Cobbe defendió además el derecho de las mujeres a administrar sus propios bienes, su acceso a la educación universitaria y el divorcio. Para ella, buena parte de estas desigualdades tenía un origen político: las mujeres carecían del derecho al voto y, por tanto, no podían intervenir plenamente en las decisiones destinadas a transformar las leyes.

Por esa razón también abrazó la causa sufragista.

Su pensamiento establecía un vínculo entre distintas formas de dominación. La violencia contra las mujeres y el maltrato hacia los animales eran, desde su perspectiva, expresiones de una sociedad que permitía que quienes tenían mayor poder ejercieran control sobre seres considerados inferiores.

De la “necesidad” a una crítica frontal de la vivisección

La postura de Cobbe frente a la experimentación animal no permaneció estática. En una primera etapa aceptaba que determinados experimentos podían justificarse por razones de necesidad. Con el tiempo, sin embargo, se convirtió en una crítica mucho más contundente.

En 1882 publicó Vivisection: Four Replies, donde cuestionó el argumento de que la experimentación con animales debía aceptarse porque podía producir avances médicos futuros.

Cobbe consideraba problemático justificar un sufrimiento presente mediante beneficios que no podían garantizarse. También cuestionó que algunos investigadores presentaran sus prácticas como acciones exclusivamente destinadas al bienestar colectivo, cuando, desde su perspectiva, podían existir intereses profesionales y económicos detrás de ellas.

Su enfrentamiento con los defensores de la vivisección fue tan intenso que llegó a calificarlos como la “moderna Inquisición”.

Además, reclamó leyes que reconocieran de manera más clara las obligaciones éticas de los seres humanos hacia otros animales por su capacidad de sentir. Particularmente le preocupaba la situación de los animales domésticos, pues sostenía que la responsabilidad humana hacia ellos era todavía mayor debido a que nuestra especie había intervenido directamente en su existencia y dependencia.

Una lucha que también generó divisiones entre feministas

La defensa de los animales no siempre acercó a Cobbe a otras mujeres que compartían sus ideas feministas. En algunos casos ocurrió lo contrario.

Su oposición a la vivisección la enfrentó con otras sufragistas, entre ellas Emily Davies, quien no comprendía la postura de Cobbe contra la presencia de mujeres en clases universitarias de fisiología cuando en ellas se realizaban experimentos con animales.

Cobbe se sintió decepcionada al comprobar que el acceso de las mujeres a las universidades no significaba necesariamente el abandono de estas prácticas. Algunas estudiantes participaban en experimentos o acudían a presenciarlos.

Sin embargo, la presencia de mujeres en esos espacios tampoco significaba automáticamente que apoyaran la vivisección. Décadas después, el llamado caso del perro marrón se convirtió en uno de los episodios más conocidos del movimiento antiviviseccionista británico. Las activistas Louise Lind af Hageby y Leisa Schartau denunciaron la vivisección de un perro, mientras que la National Anti-Vivisection Society tuvo un papel relevante tanto en el proceso judicial como en los posteriores homenajes al animal.

La trayectoria de Cobbe también influyó en otras defensoras de los animales, como la estadounidense Caroline Earle White, mostrando que el movimiento contra la experimentación animal comenzaba a adquirir una dimensión internacional.

A pesar de su defensa de los animales, Cobbe no llevó una vida completamente acorde con algunas de las prácticas que posteriormente se asociarían al activismo animalista: no fue vegetariana y existen referencias a que utilizaba sombreros adornados con plumas de aves.

Frances Power su legado cruzó el feminismo y el animalismo

Durante sus últimos años, Frances Power Cobbe permaneció en Gales junto a Mary Lloyd. Allí continuó escribiendo y participando en actividades de defensa social y animal. https://lazonaveggie.com/

Murió el 5 de abril de 1904, a los 81 años.

Su legado resulta singular porque logró conectar dos debates que durante el siglo XIX rara vez se abordaban de manera conjunta: la lucha por los derechos de las mujeres y la protección de los animales.

Su nombre fue Frances Power Cobbe (1822-1904), una de las figuras más destacadas del movimiento contra la vivisección —la experimentación realizada sobre animales vivos— y una defensora del sufragio femenino.

Cobbe defendió que la violencia y la desigualdad no debían entenderse únicamente como problemas individuales, sino como fenómenos relacionados con las estructuras de poder. Su trabajo contribuyó a colocar en la discusión pública asuntos como la violencia conyugal, la autonomía económica femenina, el sufragio y el trato hacia los animales utilizados en experimentos.

Más de un siglo después de su muerte, su figura permanece como un antecedente de las corrientes que buscan ampliar la discusión sobre justicia y bienestar más allá de las fronteras de la especie humana.

Frances Power Cobbe no solo cuestionó las reglas de su tiempo: también obligó a preguntarse quién tiene derecho a decidir sobre la vida, el cuerpo y el sufrimiento de otros seres.

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